Hace un diagnóstico de todos los procesos para conocer sus
debilidades y fortalezas, tanto en reducción de emisiones de GEI
como en eficiencia energética.
Propone un plan de acciones para realizar cambios y
conseguir ahorros energéticos.
El actual Gobierno de Chile se comprometió a reducir en 20% las
emisiones de CO2 para los próximos diez años. Es una meta desafiante,
porque al 2030 nuestro país necesitaría más que triplicar su actual potencia
instalada de 13 mil MW de generación eléctrica, según coinciden varias
proyecciones realizadas por universidades chilenas.
Aunque estos trabajos suponen un importante y creciente aporte de
las energías renovables — hídricas y no convencionales— a la matriz
energética de los próximos años, la dependencia de los combustibles fósiles
aumentará exponencialmente y, por tanto, el país continuará aumentando
sus emisiones de gases de efecto invernadero.
Las proyecciones para esa fecha muestran una nación que podría llegar
a un nivel de emisiones de 13,8 tCO2/hab de no mediar fuertes medidas
correctivas (Programa de Gestión de Economía Ambiental, Universidad de
Chile, 2009).
Se trata de un valor extraordinariamente alto cuando se le compara con las
proyecciones para China y los Estados Unidos en 20 años más: 8 y 17
tCO2/hab, respectivamente, (Perspectiva Energética Internacional, 2009).
Pero hay señales muy alentadoras para reducir tales emisiones, cual es la
contribución de la eficiencia energética, con un incremento anual posible
del 1,5%, de acuerdo a cálculos de la Universidad Técnica Federico Santa
María (UTFSM).
En tal caso, el Sistema Interconectado Central (SIC), que abastece al 93%
de la población chilena, no necesitaría contar con 29.160 MW al 2030, sino
que con 25.207MW, de acuerdo a las estimaciones de la UTFSM.
Este ahorro de 3.952,4 MW de potencia instalada (13,6%) equivale
aproximadamente a tres centrales nucleares de 1.200 MW cada una. El derroche energético iría quedando sepultado en la historia. Es la
tendencia actual en el mundo y en nuestro país. |